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domingo, 27 de octubre de 2013

SAN BENITÓN

Mi abuela nos contaba que, ni muy lejos de aquí ni muy lejos de allí ,había un pueblo bastante importante --a juzgar por la cantidad de habitantes que tenía-- que se llamaba Mediocrina. Nosotras, mis hermanas y yo, decíamos Miedocrina porque nos parecía más facil de pronunciar.

Mediocrina tenía un santo patrón, San Benitón, tontón, tontón... Mi abuela seguía repitiendo el tontón, tontón, tontón... hasta que nosotras le preguntábamos:
-¿Por qué, abuela?. ¿Por qué su patrón se llamaba San Benitón, tontón?.

Entonces dejaba de repetirse y decía:
-Porque en ese pueblo, la mayoría de la gente era tonta del culo. El alcalde era tonto del culo; el cura era tonto del culo; la carbonera, otra tonta del culo; el herrero, el trapero y el plomero eran también tontos del culo, y la mujer del médico, es era otra tonta del culo... Solo la maestra y los niños eran normales, pero como los que mandaban eran tontos, los niños, al final, imitaban más lo que aprendían en la calle que en la escuela y se volvían también tontos del culo.

Mi abuela cogía aliento, se alisaba el delantal, sacaba el pañuelo de su bolsillo para pasárselo por sus llorosos ojos y continuaba:
-El cantinero también era normal, pero como la maestra no podía entrar en la cantina, porque le hubieran apedreado las mujeres del pueblo, pues casi nunca pudieron hablar entre ellos.
-¿Y en qué se les notaba que eran normales, abuela? – le preguntábamos.
-En que pensaban, discurrían. No se aguantaban con lo que les decían los demás y les gustaba indagar --nos decía mientras hacía aspavientos con el dedo índice de la mano derecha, marcando los tiempos de la conversación.
-¿Qué es indagar, abuela? – quería saber mi hermana Anabel – Explícalo, abuela.
- Pues revolver en las cosas y en los pensamientos, cambiarlos de sitio, mezclarlos.

En esta aclaración mi abuela se esmeraba en representar con las manos lo que era revolver, cambiar, mezclar... como si los pensamientos fueran cosas que pudieran agitarse.

Me gustaba mirar sus manos, tremendamente arrugadas y marcadas por la historia, mientras con ellas definía sus pensamientos.
-¿Y Miedocrina?. ¿No se podría revolver para que la gente no fuera tan tonta del culo? – le preguntábamos.
-Si, se hubiera podido, pero es que a los tontos del culo les gusta ser tontos, porque así les va mejor en la vida a ellos.
-Pues el Jenaro es tonto y llora cuando se lo dicen y dice que no quiere ser tonto.
-El Jenaro es un inocente. Es un tonto de la cabeza. Los del culo son peores. Tienen la cabeza mejor que el Jenaro, pero piensan para ellos, para adentro, sin indagar, y eso es muy peligroso, porque saben lo que quieren, pero son otros los que se lo tienen que conseguir.

Cada vez que mi abuela sacaba a relucir el cuento de Mediocrina, nos iba aportando mas datos y conclusiones, y cada vez nos iba introduciendo mas personajes que, aunque eran desconocidos para nosotras, nos resultaban cercanos, y eran esos mismos personajes los que nos hacían sentir que la historia nos pertenecía de alguna manera, que Mediocrina era una realidad actual, que era... eso: La mediocridad de los cuerdos que a mí, hoy, tanto miedo me da.
CMV 2004

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