Como a todos, el descanso;
para mí más, por fatiga.Como a todos, la armonía;
más para mí, por mi estado.
Para otros, simpatía;
para mí no es necesario, reconozco el don innato.
Como a todos una oferta de verano.
Y cuando llego al destino
me encuentro el hotel cerrado.¿Cerrado para el descanso?
¿Por soledad, desconcierto?
¿Cerrado por egoísmo,
por desamor, por engaño?
Sencillamente cerrado.
Cerrado sin recompensa
por el esfuerzo al traslado,ni por compromiso previo,
ni por deseo alimentado.
Un premonitor cartel
del color del desagravio
anunciaba el dramatismo: Hotel El Desengaño.
¿Y a donde reclamo ahora?
¿Y a quién le cuento mi espantoy que el hotel de mis raíces
ha cerrado para siempre las puertas de la armonía,
del amor, de la alegría,
confundido en la tragedia
de una oferta de verano?
¿Y cómo reclamo yo?
¿Y por qué no me avisaron que estaba el hotel completo,que el orden y la limpieza tienen lugar preferente,
desplazando con crudeza
de ayuda, de comprensión,
para que habiten en él el asedio,
la amargura y la falta de respeto?
¿Y hasta cuando este dolor?
¿Es que solo a mí me hiere?¿O es que acaso fue un engaño
persiguiendo un fin concreto que,
frustrado en su vileza provocó un sabor amargo,
un conspirador rumor
y un sucio olor a limpieza?
¿O es que hay sustancias que elevan
los valores de una saga,envenenando a sus miembros
de egolatría, de asedio,
y olvidándose de aquellos que dieron vida y consejo,
que dieron esfuerzo y tiempo,
aquellos que todo dieron?
Y ante tanto desconsuelo,
y ante tanto vil engaño,
se impone olvidar lo andado,
agarrarnos de la mano y luchar a contrapelo,
que el hotel del desengaño --sencillamente cerrado--
haga una oferta de paz,
y no una de verano.
MADRUGADAS (XMV)
Dame, dolor,
tiempo para la esperanza;
tregua para
el alma herida;descanso al cuerpo maltrecho.
Quita de mi memoria
el sabor amargo del silencio.
Deja, dolor,
que mis biselados ojos
vean vivo y
animado;que mi rostro agarrotado retome tono;
que fluya la sonrisa y olvide
su ausencia permanente.
Toma, dolor,
la ingratitud compartida
y el recelo sin
sentido, tómalo.Toma, deja, quita, dame…
Dame a mi hermana, dolor.
Dame un lucero.
13/08/1997
QUÉ NO DARÍA POR TI
Han sonado las campanas de las tres y media. Todos están durmiendo y yo arrastro mi dolor de hora en hora, sin tregua. Han pasado ya las horas de la duda, las del miedo, las del gemido… y ahora tengo por delante todas las del futuro, que tanto duelen. Y así cada día, sin nadie con quién tejer una red que pueda servirle para que la diferencia que le separa de los demás sea una herramienta de intuición y comunicación en lugar de un tejido aislante.
Han pasado ya los días de hablar, de escuchar, de discutir y hasta los de intercambiar, y ahora han empezado esos en los que no se si volveré a verle; esos en los que la soledad le acompaña a las dunas y al monte bajo, sin rumbo cierto.
Le delatan sus cabellos empobrecidos y su gesto de resistencia; una soledad tan larga se soporta, no se vive. Su cuerpo es fuerte y hermoso, como su cara, pero su pelo parece querer pararse en los tiempos en los que solo él (y solo yo) sabía que algo estaba pasando entre él y su entorno. Tiene la mirada humilde, es valiente en el debate y tiene una gran capacidad para la abstracción, lo que le permite desenredar la finalidad de las intenciones, pero afirma que no le importan las ofensas de los que le quieren agraviar. Se ha empeñado en no pisar huellas ajenas y se le suele hacer tarde a la hora de sacar conclusiones, así es que nunca se engancha a ninguna de sus cualidades. Busca salidas para justificar sus agobios y se enreda cada vez más en primitivismos. Se está convirtiendo en un laboratorio y ensaya consigo mismo a engullir y a pasar hambre; a dormir mucho y poco; a no asearse debidamente y a pasar horas “en remojo”; a no pensar, a liberar los impulsos, a abandonarse…
Estoy sola frente a sus 18 diferentes primaveras y quisiera devolver su desamparo a mi seno materno. Su adolescencia me contradice. No se ayudarle y no acepta siquiera la sugerencia de ayuda especializada, y mientras yo me lamento, su rebeldía afianza cada vez más soledad entre las rejas de sus ideas.
Los míos no entienden mis temores ni su conducta y sugieren que mis preocupaciones son caprichosas y que su diversidad es más una pose que un trastorno o un síndrome. Mientras, me voy consumiendo entre dudas e ilusiones. A medida que voy descubriendo más similitudes conductuales con el SA y sabiendo más al respecto, voy entendiendo y comprendiendo mucho más al ser humano en su diversidad y tomo conciencia de lo poco que se a pesar de mi empeño.
No está clareando aún la mañana, pero los pájaros se están alborotando y a estas alturas de mis noches en vela, sé que está pronto el amanecer.SAN BENITÓN
Mi abuela nos contaba que ni muy lejos de aquí ni muy lejos de allá había un pueblo bastante importante --a juzgar por la cantidad de habitantes que tenía-- que se llamaba Mediocrina. Nosotras, mis hermanas y yo, decíamos Miedocrina porque nos parecía más facil de pronunciar.
Mediocrina tenía un santo patrón, San Benitón, tontón. Mi abuela seguía repitiendo el tontón, tontón, tontón... hasta que nosotras le preguntábamos:
- ¿Por qué, abuela?. ¿Por qué su patrón se llamaba San Benitón, tontón?.
Entonces dejaba de repetirse y decía:
- Porque en ese pueblo, la mayoría de la gente era tonta del culo. El alcalde era tonto del culo; el cura era tonto del culo; la carbonera era tonta del culo; el herrero, el trapero y el plomero eran también tontos del culo, y la mujer del médico, es era otra tonta del culo... Solo la maestra y los niños eran normales, pero como los que mandaban eran tontos, los niños, al final, imitaban más lo que aprendían en la calle que en la escuela y se volvían también tontos del culo.
Mi abuela cogía aliento, se alisaba el delantal, sacaba el pañuelo de su bolsillo para pasárselo por sus llorosos ojos y continuaba:
- El cantinero también era normal, pero como la maestra no podía entrar en la cantina, porque le hubieran apedreado las mujeres del pueblo, pues casi no podían hablar entre ellos.
- ¿Y en qué se les notaba que eran normales, abuela? – le preguntábamos.
- En que pensaban, discurrían. No se aguantaban con lo que les decían los demás y les gustaba indagar --nos decía mientras hacía aspavientos con el dedo índice de la mano derecha, marcando los tiempos de la conversación.
- ¿Qué es indagar, abuela? – quería saber mi hermana Anabel – Explícalo, abuela.
- Pues revolver en las cosas y en los pensamientos, cambiarlos de sitio, mezclarlos.
En esta aclaración mi abuela se esmeraba en representar con las manos lo que era revolver, cambiar, mezclar... como si los pensamientos fueran cosas que pudieran agitarse.
Me gustaba mirar sus manos, tremendamente arrugadas y marcadas por la historia, mientras definía sus pensamientos.
- ¿Y Miedocrina?. ¿No se podría revolver para que la gente no fuera tan tonta del culo? – le preguntábamos.
- Si, se hubiera podido, pero es que a los tontos del culo les gusta ser tontos, porque les va mejor en la vida a ellos.
- Pues el Jenaro es tonto y llora cuando se lo dicen y dice que no quiere ser tonto.
- El Jenaro es un inocente. Es un tonto de la cabeza. Los del culo son peores. Tienen la cabeza mejor que el Jenaro, pero piensan para ellos, para adentro, sin indagar, y eso es muy peligroso, porque saben lo que quieren, pero son otros los que se lo tienen que conseguir.
Cada vez que mi abuela sacaba a relucir el cuento de Mediocrina, nos iba aportando mas datos y conclusiones, y cada vez nos iba introduciendo mas personajes que, aunque eran desconocidos para nosotras, nos resultaban cercanos, y eran esos mismos personajes los que nos hacían sentir que la historia nos pertenecía de alguna manera, que Mediocrina era una realidad actual, que era... eso: La mediocridad de los cuerdos que a mí, hoy, tanto miedo me da.
A LA LUZ DE UNA SOLA VELA
He cruzado el umbral de la soledad,
y como una frágil adolescente
he soñado, he creído, he deseado.
He cruzado el umbral al lado justo
de la locura,
al del amor sin mediday de la confianza ciega.
Y, de repente, apenas una ráfaga de luz
para alumbrar una fotografía
ha bastado para desorientarme,para perderme en un mar de sentimientos.
¡Ojala que me llame¡.
Pero sé que no lo hará.
¡Ojala que me quiera¡,Pero se que ya no está.
He vuelto una vez mas al lugar de la tristeza
y de la soledad;
he puesto al sol mis ilusiones, mis sentimientos y mis anhelosy he entrado de nuevo a mis adentros.
Me he visto tan pequeña, tan menguada
que he cerrado las puertas y ventanas para no verme,
para que, a la luz de una sola vela que apenas alumbre y apenas huela,
pueda escribir mi dolor sin que ni yo ni nadie me vea.

AQUÍ, PAPÁ
Aquí estoy, papá, en blanco ante tu recuerdo.
Aquí, recogiendo en mi
todo lo que me diste,
lo que me das,
lo que me quedo.
Aquí, ante tu recuerdo,
ante ti, porque eres eterno.Aquí, haciendo de la noche
un mundo entero,
haciendo de mi vida tu reflejo.
Aquí, sola pero contigo,
pequeña, pero aumentada,humilde, si, humilde,
pero llena de tu legado,
de tu pasado.
Aquí, reconociéndote en cada gesto mío,
en cada paso que doy, que di,en cada pensamiento amplio, generoso, tuyo.
Aquí, papá, recordando
lo que de ti aprendí.
NOTA PARA NICOLAS BUIJS
Hoy, a primera hora de la madrugada, un agresivo cáncer se llevaba de forma violenta la vida de Nicolás Buijs --Klaas para unos y Nico para otros-- uno de los holandeses mejor integrado en la difícil y desvertebrada sociedad de Marbella que, más allá de la propaganda turística o los discursos políticos vacíos, raramente ayuda a que esta integración se produzca.
Nico era con mucho uno de los "extranjeros" mejor adaptado en esta ciudad, sin por ello perder un ápice de su idiosincrasia y cultura holandesa, en todos los colectivos en los que estuvo integrado y especialmente en la A.VV. Las Albarizas, donde tuvimos la suerte de conocerle; su condición de holandés, de educado y agradable europeo del norte, donde el respeto a las diferencia política, religiosa, sociales, raciales, etc., es parte de su educación y su persona. Fue, además de un ejemplo, un elemento eficaz a la hora de "templar" los demasiadas veces acalorados ánimos de los españoles.
Su colaboración inteligente y participación, siempre de forma discreta pero generosa, daba buen término a cuantas actividades se ponían en marcha y hacia efectivas las a veces interminables reuniones en las que en nuestra ciudad se pone demasiadas veces corazón y genitales y muy pocas cabeza.
El valor humano de Nico, sencillo progresista y pragmático, dignifica a esta sociedad envenenada de mediocres y cínicos y hace mejores a cuantos tuvimos la fortuna de compartir con él ratos de charla, reuniones o cervezas, o lo que se terciara.
Nico, como diría Miguel Hernández era "una abierta ventana que escucha, por donde va tenebrosa la vida. Era un rayo en la lucha que siempre deja la sombra vencida".
Y en su último viaje, a bordo de la nave que nunca ha de tornar, ligero de equipaje como el capitán Van Straaten del barco llamada El Holandés Errante, Nico jugo su alma a los dados con el diablo del cáncer y no tuvimos la suerte de que ganara.
Hasta siempre compañero.
Firmado: Javier de Luís, Juan Badillo, Lici Cohen y Ana Mas
Marbella, 31 de diciembre de 2003.




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