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domingo, 27 de octubre de 2013

QUÉ NO DARÍA POR TI

Han sonado las campanas de las tres y media. Todos están durmiendo y yo arrastro mi dolor de hora en hora, sin tregua. Han pasado ya las horas de la duda, las del miedo, las del gemido… y ahora tengo por delante todas las del futuro, que tanto duelen. Y así cada día, sin nadie con quién tejer una red que pueda servirle para que la diferencia que le separa de los demás sea una herramienta de intuición y comunicación en lugar de un tejido aislante.

Han pasado ya los días de hablar, de escuchar, de discutir y hasta los de intercambiar, y ahora han empezado esos en los que no se si volveré a verle; esos en los que la soledad le acompaña a las dunas y al monte bajo, sin rumbo cierto.

Le delatan sus cabellos empobrecidos y su gesto de resistencia; una soledad tan larga se soporta, no se vive. Su cuerpo es fuerte y hermoso, como su cara, pero su pelo parece querer pararse en los tiempos en los que solo él (y solo yo) sabía que algo estaba pasando entre él y su entorno. Tiene la mirada humilde, es valiente en el debate y tiene una gran capacidad para la abstracción, lo que le permite desenredar la finalidad de las intenciones, pero afirma que no le importan las ofensas de los que le quieren agraviar. Se ha empeñado en no pisar huellas ajenas y se le suele hacer tarde a la hora de sacar conclusiones, así es que nunca se engancha a ninguna de sus cualidades. Busca salidas para justificar sus agobios y se enreda cada vez más en primitivismos. Se está convirtiendo en un laboratorio y ensaya consigo mismo a engullir y a pasar hambre; a dormir mucho y poco; a no asearse debidamente y a pasar horas “en remojo”; a no pensar, a liberar los impulsos, a abandonarse…

Estoy sola frente a sus 18 diferentes primaveras y quisiera devolver su desamparo a mi seno materno. Su adolescencia me contradice. No se ayudarle y no acepta siquiera la sugerencia de ayuda especializada, y mientras yo me lamento, su rebeldía afianza cada vez más soledad entre las rejas de sus ideas.

Los míos no entienden mis temores ni su conducta y sugieren que mis preocupaciones son caprichosas y que su diversidad es más una pose que un trastorno o un síndrome. Mientras, me voy consumiendo entre dudas e ilusiones. A medida que voy descubriendo más similitudes conductuales con el SA y sabiendo más al respecto, voy entendiendo y comprendiendo mucho más al ser humano en su diversidad y tomo conciencia de lo poco que se a pesar de mi empeño.
No está clareando aún la mañana, pero los pájaros se están alborotando y a estas alturas de mis noches en vela, sé que está pronto el amanecer.
 

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